Hasta pronto pastor Alejandro Aguirre, mi padre en la fe

 

 

Hoy, hace 8 años y 199 días, mi esposa y yo conocimos a un siervo de Dios, le hicimos una entrevista que Francelia intituló: “Don Alejandro Aguirre, apóstol moderno”, por su pasión por el Evangelio
Al momento de la entrevista, según sus propias palabras, el pastor Alejandro Aguirre Hernández llevaba 27 años en el evangelio, esto quiere decir que, por la gracia de Dios, este siervo predicó el evangelio durante más de 35 años.
Para llegar verdaderamente a los pies del Mashiaj, el pastor Alejandro, como a mí también me pasó, se tuvo que alejar de su tierra y de su parentela, “a un lugar que Dios le mostró”, a Comitán, Chiapas, lugar donde la poderosa mano del Eterno le tocó su corazón, su alma y su espíritu, después de haberle entrega a su ayuda idónea, la pastora Chelita.
El pastor Alejandro, como la mayoría de los hijos inquietos y nacidos fuera del matrimonio les pasa, se alejó de sus padres, pero una vez que el Redentor del Mundo lo alcanzó, tuvo la oportunidad de reconciliarse con él, con don Delfino Aguirre, como él mismo muchas veces lo dijo a su iglesia, como uno de sus testimonios de perdón.
El pastor Alejandro había prometido no regresar más a Ometepec, porque entre la familia Aguirre Rivero era conocido como El Perdido; sin embargo, después de la reconciliación y muerte de su padre, en una cena de Navidad, alguien de su familia le habría pedido que regresara, que regresara como siervo de Dios, a predicar su Palabra.
Lo pensó mucho, tenía miedo de regresar a esta tierra donde le habían conocido una vida desordenada, pero decidió hacer un pacto con el Eterno; quería una señal que confirmara su llamado de regresar a Ometepec: “Si tan solo 5 almas se entregan a ti durante mi mensaje de Navidad, yo vendré a Ometepec a predicar tu palabra”, le dijo al Todopoderoso.
No fueron 5, fueron 7 almas las que se entregaron esa noche.
Como discípulo que fui de este siervo del Todopoderoso, durante estos más de 8 años conocí su pasión por la guematría hebrea en las cosas de Dios... El pastor Alejandro siempre decía que el 7 es el número perfecto en la obra del Señor, y la entrega de estas 7 almas era algo como confirmarle sin lugar a dudas que tenía que regresar.
El primer compromiso que el pastor Alejandro Aguirre hizo con el Eterno fue el de rescatar a su familia; sacarlos de esa idea de que el Evangelio sólo era para los pobres, para los enfermos y para los desahuciados. En pocas palabras para los desechados de este mundo.
Nunca lo logró. Según sus propias palabras, sus hermanos sólo lo escuchaban en sus momentos aciagos y de tribulación, pero la dulce miel de la opulencia pudo más que la promesa de salvación eterna. “Nadie es profeta en su tierra; vine por los míos pero ahora entiendo que Dios me mandó para levantarte a ti, para que te convirtieras en mi Eliseo”, me lo dijo un domingo, en Jicayán del Tovar, municipio de Tlacoachistlahuaca, después de haberse accidentado en su camioneta. En ese tiempo, yo, un neófito en la palabra de Dios, ni siquiera sabía quién era Eliseo. Esto se lo repetiría posteriormente a la iglesia, indicando que Dios ya le había confirmado mediante un sueño, que yo sería su discípulo.
Después de comenzar a predicar el Evangelio de salvación con su familia, muchos en Ometepec y en toda la Costa Chica fuimos transformados por sus palabras; muchos, como yo, a través de sus palabras decidimos venir a los pies del Salvador, Jesucristo de Nazaret.
En lo personal, después de haber recibido a Cristo en mi corazón, en aquella misma ocasión, cuando regresábamos de una campaña en Tlapa, uno de sus mensajes transformó mi vida.
En esa ocasión decidimos viajar desde Tlapa hasta Jicayán del Tovar, municipio de Tlacoachistlahuaca, por toda la Montaña. Él se accidentó y a pesar del accidente, por su fe en Dios y su compromiso con la obra, no suspendió su servicio. Aún recuerdo el mensaje: “El Valle de los huesos secos”, de Ezequiel 37: “La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.
“2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.
“3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.
“4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.
“5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”.
Esa fue la misión del Pastor Alejandro Aguirre: venir a este valle de huesos secos, este valle llamado Ometepec, para invocar del soplo de Dios y darnos vida a nosotros, que en verdad, muchos aún seguimos secos, sin vida.
Cuánto anheló el Pastor Alejandro Aguirre que ese su templo, Casa de Dios, se llenara, así como se llenó el día de su despedida, pero no para despedirlo y no volver jamás. En verdad él quería que estuviera lleno todos los viernes, todos los domingos y todos los martes para predicar la Palabra de Dios, su pasión.

Nuestra despedida

Como el más humilde discípulo del Pastor Alejandro Aguirre, quiero compartirles que con la bendición de mi pastor, estando él ya enfermo, fue enviado de regreso a Marquelia, donde años atrás había levantado una misión, y donde hay almas hambrientas y sedientas de Dios, pero que carecen de los recursos para desplazarse cada día de culto hasta Ometepec. Durante muchos años pudimos hacer esto gracias a que mi familia puso una camioneta para estos traslados, costeando todos los gastos, sin ser estrictamente nuestra responsabilidad, pero nuestro amor por las almas que Dios puso bajo nuestro cuidado, y para procurarles de mayor alimento espiritual, así lo hicimos sin miramientos.
Y el Pastor Aguirre me concedió una bendición más grande aún: Quizás sabiendo que eran sus últimos días, me dejó en libertad de retomar una nueva cobertura, para que continuara con la preparación que tanto he anhelado y que espero lograr muy pronto. Como prueba de esa gran bendición, el Pastor Alejandro Aguirre me regaló su propia Biblia del Ministro, que en este momento está conmigo, biblia en la que están escritos los nombres de mi esposa y yo, y que usó cuando nos casó en abril del 2017, misma que conservaré por siempre como un recuerdo del hombre que el Eterno utilizó para transformar mi vida y la de mi familia.
Pero no quiero a hablar de mí; hoy quiero rendirle honra a un hombre que por más de 35 años le sirvió al Eterno.
El Faro de la Costa Chica está publicando las últimas de las colaboraciones que el Pastor Aguirre envió a la redacción de manera ininterrumpida durante 8 años, titulada Palabras de Vida, y que hoy aparecen con la leyenda “in memóriam”, en honor a su bendita memoria.
Como el último discípulo del Pastor Alejandro Aguirre, quiero compartirles una palabra que él sembró en mi corazón, para que ya no esté triste su rebaño; una palabra para que su rebaño se mantenga unido, una palabra que nos obliga a estar jubilosos porque que esa es la promesa que Jesús nos dejó al sacrificarse por la salvación de nuestras almas: 2 de Timoteo 4:7: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
“8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.
¿Cuantos amamos la segunda venida de Jesús? Porque todos los que amamos al Eterno debemos de tener esta misma pasión.
En esta segunda carta a Timoteo, el apóstol Pablo está revelando su pasión por Cristo, su pasión por la Palabra de Dios. Pablo está por ser sacrificado, está a punto de ser decapitado pero está apasionado por la promesa del Señor y le está diciendo a uno de sus fieles discípulos, “no te preocupes por mi muerte, esta muerte a los que todos los humanos le temen, en realidad representa la victoria de los hijos de Dios.”
Porque para los que amamos a Dios y los que conocemos de su verdad, la muerte representa la puerta de entrada a la eternidad, al Olam Javá, a la presencia del Eterno.
Es por eso que el Apóstol Pablo se atrevía a decir: “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia (Filipenses 1:21)”.
Por eso el Apóstol Pablo se atrevía a decir: “¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:55).”
¿Por qué tenía esta certeza el Apóstol Pablo?  Porque Pablo le creyó al Eterno, porque Pablo estaba seguro de que cuando el Mashiaj murió en la Cruz del Calvario, cuando bajó al sepulcro, en realidad no fue para muerte, fue para victoria. Por eso dice la palabra del Señor que aunque Jesús bajó al sepulcro, venció a la muerte y a las tinieblas y subió a los cielos “llevando cautiva a la cautividad” (Efesios 4:8).
Ciertamente a nosotros, los que aún decimos que estamos vivos, nos da tristeza la partida de un ser amado. Y el Apóstol Pablo también da testimonio de esto en su segunda carta a Timoteo: “2 Timoteo 4:9: Procura venir pronto a verme,
“10 porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia.
“11 Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio.
“12 A Tíquico lo envié a Efeso.
13 Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos.
14 Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos”.
Esa angustia que la carne provoca fue experimentada por este gran siervo de Dios, y en esa angustia el Eterno le reveló algo muy terrible para el hombre que no es temeroso de Hashem. El apóstol Pablo está clamando al Señor para que él le dé el pago correspondiente a las torturas que el calderero le ha provocado.
¿Cómo nos va a pagar el Señor? Conforme a nuestros hechos, no conforme a nuestras apariencias.
Pero me aterran y me conmueven estas últimas palabras del apóstol Pablo: 2 de Timoteo 4:9: “Procura venir pronto a verme”. ¿Cuántos hicimos esto con el pastor Alejandro Aguirre?
Y no estoy hablando de venir a acompañarlo en su funeral. Estoy hablando de cuántos vinimos pronto, cuando él nos necesitaba, cuando llegó a Ometepec sin nada, como Dios manda a todos sus siervos; cuando estaba construyendo su templo; cuando estaba construyendo su casa, cuando pasó la mayoría de sus tribulaciones económicas y ministeriales.
Es fácil acompañar a un hombre en su muerte; se trata de breves momentos, en comparación con el día a día, a lo largo de más de 35 años de ministerio, primero en Chiapas y luego en Ometepec.
Pero esta carta no es para aludir a nadie; he decidido tomarme el atrevimiento de escribir esta despedida, para reconocer y agradecer a todos y cada uno de los miembros de Casa De Dios que aportaron su tiempo y su esfuerzo por levantar la obra en Ometepec. Aun es para agradecerle a aquel que aportó una o dos varillas para los castillos del hermoso templo que dejó como legado el pastor Alejandro Aguirre.
Por la gracia de Dios, muchos tuvimos la oportunidad de honrar en vida al Pastor Alejandro Aguirre, con nuestros hechos y con nuestros actos. Estoy hablando de que Dios no ve las apariencias, porque las apariencias son como el corazón del hombre: engañosas.
Pero hoy no voy a hablar de lo que pudo ser, hoy voy a hablar de lo que fue y de lo que será: El Mashiaj, cuando iba a ser crucificado les dijo a sus discípulos:
Juan 14:1: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
“2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
“3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
“4 Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.
“5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
“6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
Con la certeza de esta promesa, amados hermanos en la fe y amigos del Pastor Alejandro Aguirre, les pido que me acompañen en oración para invocar la omnipresencia y la omnisciencia del Todopoderoso para que lo reciba en la eternidad.
Salmo 139: 1 “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5 Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender.
7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9 Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar,
10 Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12 Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
13 Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.
15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16 Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.
17 ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!
18 Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.
19 De cierto, oh Dios, harás morir al impío; Apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios.
20 Porque blasfemias dicen ellos contra ti; Tus enemigos toman en vano tu nombre.
21 ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, Y me enardezco contra tus enemigos?
22 Los aborrezco por completo; Los tengo por enemigos.
23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos;
24 Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”.
Así sea Padre celestial, envía a tus ángeles para que escolten a tu siervo y que no tenga estorbo al cruzar el primer y el segundo cielo, hasta llegar a tu presencia. Amén.

 

Por:

Pastor Fernando Santamaría Cruz
Iglesia Trigo y Miel Marquela