Opinión

Diego Petersen

 

Anaya: el problema es el emisor

 

En el cuento “Tölm, Uqbar, Orbis Tertius”, Jorge Luis Borges pone en boca de Hume una crítica demoledora a uno de los personajes de la ficción: “Notó para siempre que sus argumentos no admitían la menor réplica y no causaban la menor convicción”.
Algo similar le sucede al candidato del Frente por México, Ricardo Anaya. Tiene el discurso correcto, sus argumentos y la forma de plantear el México de futuro quizá son los mejores, pero en su forma de expresarlos hay algo tan hueco que no emocionan ni interpelan, pasan de largo sin convencer a nadie.
A sólo seis semanas para la elección presidencial, el candidato del Frente sigue sin encontrarse en la campaña. El que debió haber sido su momento estelar, el debate del domingo pasado, no sólo no lo fue, sino que mostró las debilidades y los límites de un discurso aprendido, pero no asumido. Fue repetitivo y agresivo, muy lejos del conocimiento del tema que sí mostró el candidato priista, José Antonio Meade, y más lejos aún del carisma de Andrés Manuel López Obrador, que se dedicó todo el debate a hablarle a sus seguidores ignorando por completo a los otros candidatos e incluso a los moderadores.
El error está quizá en pensar que le quitará votos a López Obrador golpeándolo. Alguna vez mi queridísima amiga Laura sentenció que ya era “indifamable”, pues todo lo que decían de ella —lo bueno, lo malo y lo más malo— resultaba ser cierto. Algo similar le sucede a Andrés Manuel: han dicho tantas veces las mismas cosas de él que ya es inmune a los ataques, sus simpatizantes están dispuestos a votar por él con todo y sus terribles defectos que a estas alturas para nadie son secreto o novedad.
El voto de AMLO está enojado con la falsa retórica de la modernidad, con las reformas que sólo se traducen en bienestar para unos cuantos, con la corrupción de los que llegan a acuerdos para ellos y sólo para ellos. Los nuevos votantes de López Obrador, esos que lo tienen en los cuernos de la luna, tienen más coraje que miedo, están dispuestos a votar por la incertidumbre antes que por la continuidad.
El camino que ha tomado la campaña de Anaya, el de la otra ruptura, la ruptura hacia adelante, es correcto. Ya no es el contenido, pues, aunque el discurso no admita la menor réplica no causa la menor convicción: es un problema del emisor. La renuncia de Margarita Zavala, lo comentamos la semana pasada, le dará sin duda un empujón en las encuestas, pero el riesgo es que se confunda ese crecimiento con la ilusión de que la campaña está mejorando o que el electorado está comprando al candidato.