Fuente de Agua Viva

Emilio Ramos Apreza

 

El Nazareo

 

“Y porque no me ensalzase desmedidamente por la abundancia de las revelaciones, me fue dado un aguijón en mi carne, el mensajero de satanás, que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.” (2 Corintios 12:7)
Un pastor de ovejas llega a la presencia de un Rabino, con la intención de cortarse el pelo, el cual por una promesa se había dejado crecer.
El maestro le pregunta: -Hijo mío, ¿por qué deseas cortarte una cabellera tan bonita?
Él joven respondió: “Era pastor y cuidaba el rebaño de mi padre en mi pueblo. Fui a sacar agua del manantial y vi mi reflejo y me sentí atraído por una inclinación al mal. Me dije: ¡Tonto! ¿Por qué te enorgulleces de esta figura que no te pertenece y cuyo fin será ser comido por los gusanos? Entonces decidí cortar mi cabello por amor al Cielo.”
Este joven, rompió el voto nazareo, cuando por su hermosa cabellera, se despertó la vanidad en él por lo que tuvo temor de caer en la arrogancia y perder el propósito de su promesa, que era la santidad del alma.
De estas dos citas podemos entender que la esencia del servicio o sacrificio que a Dios ofrecemos, es la supresión personal, la sumisión y la renuncia a la satisfacción de la carne.
Cuando ofrecemos un sacrificio vivo para vencer nuestra inclinación al mal, y sentimos que el cumplimiento de este sacrificio que debía llevarnos a la santificación, despierta en nosotros un sentimiento de arrogancia u orgullo, debemos renunciar a él y comenzar a contar desde el principio. 
Cuando la persona busca santificarse, sometiéndose ante su creador, es cuando las tentaciones llegan, tratando de llenar el corazón de pensamientos de arrogancia, de vanidad y de orgullo; sentimos que hemos llegado a un nivel que otros no han alcanzado y por eso somos mucho mejor que ellos.
Es en momentos de tentación, cuando debemos de hacernos un examen de conciencia para aclarar nuestros pensamientos y perspectivas y descubrir que es lo que aún nos falta corregir en busca de la santificación. De lo contrario, será como el caso del apóstol Pablo, que Dios permitirá el dolor en nuestro cuerpo para perfeccionarnos. “Porque el SEÑOR castiga al que ama y quiere, como el padre al hijo.” (Proverbios 3:12)