Opinión

Gerardo Galarza

 

Cuaresma electoral

 

Hoy domingo 11 de febrero termina, de acuerdo con la ley vigente, ese esperpento llamado precampañas por la Presidencia de la República, que se iniciaron el 14 de diciembre del año pasado.
Ese periodo, se supone, es para que los diversos precandidatos compitan al interior de sus partidos políticos por la postulación a la candidatura presidencial de cada uno de ellos.
Es, si usted quiere ser generoso, un periodo para elecciones primarias o internas, en el que se proporcionan dinero y millones de spots a los partidos políticos y a sus precandidatos para promoverse exclusivamente (jeje) entre sus correligionarios.
Así, los precandidatos (jeje) Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade —en estricto orden alfabético en esta columna, pero usted acomódelos como quiera— ya no podrán realizar actos electorales para convencer o, al menos, convocar a sus compañeros de partido para que los apoyen en su aspiración a la candidatura presidencial.
Esta columna le adelanta (puede presumirlo con sus amigos o apostar y ganarse una lana, si quiere) quiénes serán los ganadores y, por lo tanto, los candidatos presidenciales. Anótelos para que, en caso contrario, pueda reclamar al escribidor. Los candidatos presidenciales serán Ricardo Anaya (PAN), Andrés Manuel López Obrador (Morena) y José Antonio Meade (PRI), en los frentes y coaliciones electorales que sus partidos encabezan.
No se ría ni se enoje. No es burla ni carrilla. Hoy domingo, el PAN celebrará su elección interna para escoger a su candidato presidencial. Sí, el escribidor le adelanta y garantiza que Anaya va a ganar esa elección. E igual pasará en los procesos internos de Morena (quizás mediante el sistema de “encuesta de unidad”, u otra similar, que decidirá y aplicará su líder único) y en el PRI, donde habrá una candidatura de unidad.
La campaña político-electoral por la Presidencia de la República iniciará el 30 de marzo ya con quienes, oficialmente, serán candidatos. A los tres mencionados, si las fuentes, generalmente bien informadas, no le fallan al escribidor, podrían sumarse otros tres candidatos que obtendrían su postulación mediante el cumplimiento de los requisitos de las candidaturas independientes: Jaime Rodríguez, Armando Ríos Piter y Margarita Zavala.
Casualmente, no sea usted mal pensado, tampoco imagine complots mafiosos ni violaciones al laicismo mexicano, el periodo de intercampaña —así se llama a este lapso de abstinencia electoral— coincide casi, perfectamente, con la Cuaresma del rito católico, que se inicia el Miércoles de Ceniza, que este año “cae” el 14 de febrero, y termina con la misa el Jueves Santo (29 de marzo).
Si el escribidor no mal recuerda su catequesis infantil, la Cuaresma es un periodo de reflexión y preparación para celebrar la fiesta pascual, en este caso, la resurrección del Mesías.
Son cuarenta días que rememoran el retiro de Jesús al desierto —ojalá el recuerdo sea el correcto y el aprendizaje lo haya sido en su momento—, en donde, además de reflexionar y prepararse para su vida pública fue tentado, sin éxito, tres veces por el mismísimo demonio.
Los hoy precandidatos tendrán cuarenta días, redondeemos por una buena causa, para reflexionar y prepararse para la batalla final, pero también serán tentados por sus demonios internos, los propios y los de sus partidos, y de su aceptación o resistencia se derivarán éxitos o fracasos. Todos ellos se enfrentarán a las ambiciones de sus correligionarios por ser candidatos a senadores, diputados federales y locales, gobernadores, alcaldes y presidentes municipales, que suman casi cuatro mil cargos de elección popular que se disputarán el próximo 1 de julio.
Quizás el que tenga más problemas con los demonios será Meade. Por no ser militante del PRI, este partido ¿le permitirá intervenir en la designación de los candidatos? ¿Quién controlará esas designaciones: el coordinador de su campaña, el líder del partido, el Presidente de la República, los gobernadores priistas? Todos esos demonios podrían seguir sueltos y causar más daños de los que se notaron en la precampaña.
No es que Anaya y López Obrador no vayan a enfrentar a sus propios diablos, pero es evidente que tienen más control sobre ellos.
Las cúpulas del PAN, PRD y MC decidirán los candidatos de su frente, según la fortaleza que tienen en sus áreas ganadas por ellos, o donde tienen mayor influencia.
En Morena, los pocos demonios que se atreverán a tentar a su líder serán disciplinados mediante una tómbola o la inefable e infalible encuesta unipersonal.

Y sí, también habrá demonios en todos los partidos a los que les llegará su Sábado de Gloria… y serán que-mados como tales.