Despejar

Misael Tamayo Núñez

 

Es 18 de abril mientras escribo esta entrega. El reforma sacó su reciente encuesta, en la que se compara que Andrés Manuel López Obrador creció 6 puntos entre febrero y abril; es decir, entre la intercampaña y el arranque de la campaña, para colocarse en 48 por ciento de la preferencia electoral. Casi la mitad de los sufragios definidos del país se inclinarían por el candidato de la coalición “Juntos haremos historia”.
Esto puso sumamente nervioso al gobierno. Desde la semana pasada que maniobraron para meter a la contienda a Jaime Rodríguez El Bronco a la contienda, se observa un trajín bastante claro para tratar al menos de desbarrancar la campaña de López Obrador. El escandalillo por la contratación de un taxi aéreo en su gira por el norte del país, es parte de esta estrategia, dando al idea de que el morenista sí utiliza aviones privados, pese a que en realidad se trata de un avión de servicio público.
En primer lugar, el presidente está más movido que nunca y hace unas dos semanas juntó a su tropa de operadores y les pidió que bajen un mensaje a la militancia: "AMLO aún no ganó". Y un segundo mensaje es que Meade sí tiene posibilidades de triunfo.
Sobre todo el fin de semana fue bastante crítico para el partido en el poder y su candidato, porque ya se conocían los adelantos de la encuesta de Reforma, y se ordenó a todos los operadores regionales del PRI que se debía insertar este doble mensaje entre la militancia, para impedir que se enfríen los ánimos y comiencen las deserciones.
Se fraguó también, de acuerdo con analistas políticos, que se intensificara una campaña sin candidato, horizontal, desplegando a los operadores políticos por todos los frentes. Así fue que a Guerrero vino Miguel Osorio Chong, candidato a senador plurinominal, mientras que Enrique Ochoa Reza, presidente del partido, también se movía por su cuenta. Todos con un discurso en contra de AMLO.
La apuesta mayor del régimen es el primer debate, a celebrarse el domingo próximo. Ahí tratarán de que Meade logre remontar su penoso tercer lugar, en el cual se ha estancado desde la precampaña. Porque si bien Ricardo Anaya bajó del 32 por ciento que registró en febrero, a 26 por ciento en abril –siempre según Reforma-, lo más interesante es que Meade se mantiene en 18 puntos porcentuales.
Salvador García Soto, columnista de El Universal, escribió el lunes que hay un ultimátum para Meade, de parte del sector empresarial: le dan de plazo el primer debate para que levante su campaña; de lo contrario, comenzarán a buscar alternativas, y todo apunta a que el voto empresarial se va a decantar en Ricardo Anaya. De hecho, éste ya reforzó su campaña en ese sector y ha evitado a toda costa la confrontación con el gobierno federal, para alejarse de la imagen que tuvo al inicio, cuando intentó repuntar su campaña agrediendo al presidente de la República y su partido.
Lo que es más, García Soto señala que Ricardo Anaya ha estado buscando una reconciliación con Enrique Peña Nieto, pues su equipo calcula que en cualquier momento el presidente tendrá que buscar una opción B, al reconocer que su candidato no tiene posibilidades de triunfo.
De este modo, Peña Nieto abandonará a Meade a su suerte, para mover el “voto útil” por Anaya. No hay otra salida para Peña Nieto, pues Margarita no levanta del 5 por ciento global, y El Bronco no rebasa ni 3 por ciento, considerando además que su candidatura viene marcada por un vergonzoso episodio de corrupción.
En lo personal percibo que Peña Nieto no se dará por vencido tan fácilmente. Tal y como lo hizo en el Estado de México, busca aún bajar del segundo lugar a Ricardo Anaya, para polarizar la campaña entre dos.
Es una apuesta arriesgada, pero insistirá en ella. El desafío que plantean desde la casa presidencial es desterrar la idea de que Meade ya está derrotado; consiste en motivar al voto horizontal para dar la idea de que la pelea está muy reñida y de que el único capaz de derrotar a Morena es Meade.

Corre tiempo. Veremos de qué cuero sale más correa.