Feminicidios, una pandemia social en México

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*Hasta ahora nos hemos conformado con la estadística, con las cifras y porcentajes que sí arrojan datos, pero enfrían el fenómeno. Lo alejan de la condición humana

 

LUCÍA DEBLOCK

CIUDAD DE MÉXICO

¿Cuántas mujeres asesinadas y violentadas necesita México para indignarse? México ha sido incapaz de garantizar el derecho a la vida de las mujeres, tal como lo establece la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 2009; particularmente el reconocimiento del feminicidio se ha convertido en una lucha desigual entre los familiares de las víctimas y las autoridades.

Primero fue Ciudad Juárez, donde una mujer murió cada 20 horas. Después, el horror se trasladó a Ecatepec, pero todo México ha sido territorio fértil para la violencia feminicida que arrasa con su olor a muerte e impunidad.

Las confesiones de asesinos seriales de mujeres no han sacado de la indiferencia a ningún mexicano ni han propiciado ningún tipo de estudio psicosocial que pretenda esclarecer y atacar las causas más profundas, además de las obvias, como la cultura machista y la impunidad.

Hasta ahora nos hemos conformado con la estadística, con las cifras y porcentajes que sí arrojan datos, pero enfrían el fenómeno. Lo alejan de la condición humana.

Tal es el caso de un matrimonio que confesó haber desaparecido al menos a 10 mujeres, con lujo de violencia, en los alrededores de Ecatepec. O de la pandilla conformada por al menos 3 menores de edad que han confesado 15 muertes de jóvenes mujeres -también en el Estado de México- y que este año serán liberados, cuyas confesiones ayudaron a identificar a las víctimas, sin duda importante, pero no abonaron al esclarecimiento del patrón sistemático y psicológico del delito.

Uno de los principales argumentos de los estudios que analizan la violencia como un problema de salud pública sostiene que ésta se propaga de forma parecida a una enfermedad. Eso explica la incidencia feminicida al alza en Tecámac y Teotihuacan, colindantes con Ecatepec.

Según la ONU, América Latina es el lugar más letal para las mujeres fuera de una zona de guerra. Las cifras que registra el organismo advierten de que en 2017 murieron 2.559 víctimas de la violencia por su calidad de mujer, pero estos números no incluyen a Colombia ni a nuestro país.

Sólo en México se cometieron 671 feminicidios durante ese año. Pero en 2018, fueron asesinadas 3,663 mujeres.

Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente en este espacio, las irregularidades en la tipificación del delito de feminicidio son notables, por lo que no sería extraño que las cifras oficiales sean inferiores a las reales.

Además, la impunidad que rodea este tipo de casos es indignante: sólo el 10% de los casos han recibido una sentencia condenatoria.

De acuerdo con el último informe sobre violencia de género del INEGI, los datos muestran que las mujeres son asesinadas con mayor violencia y saña, también fue notorio que se utilizaron medios que producen mayor dolor y prolongan el sufrimiento antes de morir.

A lo anterior, podríamos considerar los testimonios de familiares que dan cuenta de la enorme violencia que acabó con la vida de sus familiares y amenaza todos los días a las mujeres mexicanas.

De acuerdo a la experiencia de los familiares, las autoridades tienden a reducir la violencia feminicida a un problema de violencia doméstica y basan sus análisis en apreciaciones subjetivas, como prostitución, venta de drogas o incluso ligan los asesinatos a la situación sentimental de la víctima y a la falta de valores. Esta información es la que debería sacudir a México.